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La Era de la Peste

Archives Royales et Générales de Navarre

01/02/2021 - 28/02/2021

Esta exposición muestra cómo la pandemia que hoy padecemos no ha sido ni la primera ni la más devastadora que ha sufrido Navarra. La peste bubónica llegó al reino en 1348 y en un año redujo su población a la mitad causando la “primera gran mortandad”. Abrió así el camino a otras enfermedades epidémicas como el tifus, la viruela, el cólera, la gripe o el mismo coronavirus. Coincidiendo con la pandemia provocada por el COVID-19 que hoy asola al mundo, el AGN dedica, dentro de su programa de microexposiciones mensuales, la muestra del mes de febrero a mostrar algunos documentos relativos a la historia de la peste en el reino de Navarra.

La peste era una enfermedad fácil de contagiar y cuyo desenlace más habitual era la muerte. El bacilo causante de la infección, inoculado normalmente por la picadura de los parásitos, provocaba un gran bulto en cuello, sobacos e ingles y unas hemorragias subcutáneas que daban a los cadáveres el color oscuro que explica su sobrenombre de “muerte negra”.

La peste llegó a una Navarra superpoblada y hambrienta a mediados de 1348. En solo un año, acabó con la mitad de la población. Esta hubiera podido recuperarse si no fuera porque volvió periódicamente, al principio cada diez años. Luego las oleadas fueron espaciándose. Solo en 1723 se la pudo dar por erradicada en Europa Occidental.

Durante ese largo periodo la enfermedad fue parte de la vida cotidiana. Siempre los brotes provocaron el pánico de la población que, al principio, solo podía implorar el perdón del cielo, porque creían que era un castigo por sus pecados. Pero a partir del siglo XVI se comenzaron a tomar medidas más efectivas. A falta de remedios médicos –los antibióticos y las vacunas no llegaron hasta mucho después- solo pudieron servirse de rigurosas medidas sociales que recuerdan a las aplicadas hoy en día. Al principio se tomaron a nivel local, más tarde a nivel de reino.

Al declararse un brote, los que podían siempre aplicaron el principio de “huir pronto, hacerlo lejos y volver tarde”. Los primeros los médicos y las autoridades. Sin embargo, el mecanismo de ensayo y error pronto mostró la eficacia de algunas medidas. Las cuarentenas, generalmente en ermitas y chozas dispersas por el campo. Unidas a estas, los confinamientos de casas, barrios, localidades e incluso valles afectados. A mayor escala, las limitaciones a la circulación de personas y bienes mediante cordones sanitarios. Las acreditaciones de que los viajeros no vinieran de zonas apestadas fueron controladas desde el primer momento. Aquí mostramos un ejemplo de boletín de sanidad. Pero también se pusieron en marcha medidas políticas como la colaboración sanitaria internacional, la creación de enfermería para la asistencia médica masiva, la limpieza urbana, desinfección sistemática de personas e inmuebles, etc.

Solo así la sociedad navarra consiguió la ansiada victoria sobre la enfermedad. A partir de mediados del siglo XVII, la peste era para los navarros solo un motivo de alarma. Pero su recuerdo pervivirá hasta hoy en día en la cultura, en el gobierno, en el arte y en las tradiciones. Fiestas, romerías, cofradías, imágenes y ermitas dedicadas a los santos protectores, San Roque y San Sebastián. La omnipresencia de la muerte en la literatura y la pintura. Y en el mismo lenguaje: “echar pestes”, “temer más que a una peste” o simplemente “apestar”.

Nunca como hoy nuestro presente nos invita a mirar al pasado.

Acceso libre y gratuito.

Lugar: Galería Baja

Horario: Todos los días de 10:00h. a 14:00h. y de 17:00h. a 20:00h.